La Colección

Las veinte estancias, que componen el museo, están caracterizadas por pinturas en las paredes, estucos, mosaicos, boiseries, en las que se puede seguir un recorrido expositivo que comprende: 54 vidrieras pertenecientes a la casa y recolocadas, tras la restauración, en su lugar original; 18 vidrieras adquiridas y expuestas en el interior; 105 bocetos y cartones preparatorios de las vidrieras. Las habitaciones tienen nombres sugestivos, en memoria de la fantasía y fijación del príncipe, que vivía solo, sin mujer ni hijos, con la compañía de sus sirvientes y un número reducido de amigos. Ningún edificio posee tal numero de vidrieras que pueda documentar la historia y evolución de ésta técnica en los primeros años del siglo pasado.

Después de las labores de restauración las vidrieras originales han sido reubicadas en sus lugares de origen, mientras aquellas que desgraciadamente se han perdido han sido reconstruidas sobre la base de los diseños originales en la Vidriería Giuliani (reconocibles por la firma de dicha empresa); a todo este grupo originario de material ha sido añadido, mediante la adquisición, el archivo de diseños y cartones preparatorios del laboratorio Picchiarini que, tras la clausura del mismo, fueron transferidos a la empresa Giuliani, que ha seguido trabajando y manteniendo las labores artesanales del vidrio hasta nuestros días, manteniendo viva la tradición del taller del Mestro Picchio, tal y como era cariñosamente llamado el hábil artesano.
En el recorrido expositivo del museo ha sido posible acercar “in situ” los diseños y cartones preparatorios a las vidrieras existentes, como por ejemplo en el caso de la vidriera denominada “Il chiodo con tralci e uva” (1914-1915) y “I migratori” (1918) de Duilio Cambellotti, haciendo posible unir y comparar el juego pictórico de la acuarela y del carboncillo en el correspondiente juego de colores expresado en el vidrio.
Así es interesante denotar como, por ejemplo, en las vidrieras de “Rose e farfalle” de Paolo Paschetto se ha usado el vidrio abombado para conferir mayor profundidad a las alas de las mariposas, o como los delicados matices de los racimos de uva en el “Chiodo” (o Sala del Clavo) han sido perfilados mediante una técnica al fuego.
Entre las vidrieras más bonitas podemos destacar las diseñadas por Duilio Cambellotti entre 1914 y 1918, bajo el tema de la lechuza, entorno al cual se desenvuelve la decoración interna de la Casina; o como la bellísima vidriera, de forma circular, en la que se representa un hada (“La Fata”) de 1917, en un juego de formas estilizadas que dan vida a éste personaje femenino podemos observar un maravilloso color marfil que se fundo con los tonos azules y grises del fondo, entre restos más brillantes conferidos por los carbones. La variedad de los materiales que componen las diferentes estancias de la casa ofrece al visitante un recorrido de gran interés, junto con el descubrimiento de un mundo, el del príncipe, repleto de elementos característicos y sobre todo sugestivos, en un dialogo continuo entre los exuberantes elementos decorativos del edificio y las obras que en él se encuentran expuestas.